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¿Calle o Dialogo?

La política venezolana, desde sus inicios en 1810 siempre ha tenido la magnífica capacidad de sintetizarse toda ella, en una palabra o máximo dos; independencia, guerra federal, caudillismo, democracia, dictadura, comunismo, ahí está la historia para atestiguarme.

Los momentos cumbres también se capsulan en pastillitas fácilmente deglutibles: guerra a muerte, separación, traición, revolución, invasión andina, revolución de octubre, pacto de punto fijo, golpe de estado, V República, la salida, diálogo.

Nuestra historia en una era totalmente cibernetizada, va a caber en un pen drive de 2GB, y sus carpetas van a llevar por nombres esos que sugiero; ahorita estamos atravesando la etapa del “diálogo” al mal del grado de la inmensa mayoría de Venezolanos.

Según algunos entendidos yo formo parte de la generación de la crisis: desde que tengo uso de razón Chávez está cayendo, esto está llegando a su término,  que yo recuerde la economía va pa’ abajo y la inseguridad  pa’ arriba siempre, y hasta ahora no parece haber un límite ni de una ni de otra cosa.
Desde que tengo uso de razón tampoco he visto a esta oposición, que por cierto es la misma, con más años encima; tener un momento tan bueno como el que tienen ahora, nunca los he visto tan aventajados, llevan más o menos, cuatro cuerpos al cansado chavismo en esta fatídica carrera; a lo sumo y cuando mucho siempre han estado en la misma relación pero a la inversa, y sino a dos cuerpos en 2007, hoy parece que vieron la meta, desaceleraron no sé si por miedo a ganar o miedo a perder, y pegaron el frenazo, decidieron empatar y aun no me explico por qué.

Nietzsche murió loco, pero en algunas cosas las pegó; la moral en muchas ocasiones nos echa la partida para atrás y creo que esta es una de esas ocasiones; quizás yo no existiría, si Churchill hubiese insistido en sentarse con Hitler a dialogar, no fue sino hasta que el buen occidente se resolvió a echarse plomo con el maniaco, que logramos, y me atribuyo esa victoria, dar al traste con el racismo más cruento que se haya visto en la historia de la humanidad.

Esa mala infinitud, esa vocación de poder absoluto que aguardan estas revoluciones hambrientas no se detienen ante ningún precepto moral, religioso o ético; el fin justifica todos los medios de los cuales disponen, si San Miguel Arcángel no hubiese hincado su espada en contra del diablo, quizás el maligno hubiese merendado angelitos con liras y nalgas desnudas.

Esta oposición siempre se ha sentido atraída por la formalidad, el protocolo y las costumbres generalmente aceptadas, quizás porque vivieron la política decente y dieron sus primeros pasos allá donde todo se resolvía con ardientes discusiones y encendidos verbos; quienes nos hemos hecho políticos en estos carbones encendidos que representa el chavismo todo, hemos aprendido que quien golpea primero lo hace dos veces y quién logra salvarse el pellejo toma ventaja frente al que cede la oportunidad de acabar con el adversario.

Si estuviésemos combatiendo un mal gobierno yo sería el primero que alzaría las banderas del diálogo y propondría sentarnos en una mesa para dirimir las desavenencias en torno a las malas políticas y buscar su posible corrección; pero es que los que hoy se sentaron con Maduro y su gente, no entiende aun, que ellos no son un mal gobierno, sino gentes malas gobernando, y el juego de palabra no es en vano ni pretende literalizar lo que trato de exponer, el juego de palabra tiene argumentos sobrados y sólidos: el narcotráfico, el pranato, la represión y la tortura son las fresas que adornan la faz de ese pútrido pastel que representa el chavismo.
Sentarse con ellos, es legitimarlos, es darles oxígeno, es lanzarles un salvavidas en pleno naufragio; esta oposición está sufriendo del síndrome de Estocolmo y está enamorándose de su victimario, pareciera que hay una relación enfermiza de amor y odio entre ambos sectores que se necesitan entre sí para joder a toda una población ya agotada que escapa con una mano adelante y otra atrás al primer  rinconzuelo que puede, para respirar un tanto de dignidad.

La iglesia, por demás, se sabe que es la institución más antigua del mundo, y la romana pudo sobrevivir a diferencia de la de Avignon, porque ahí entendieron que su empresa necesitaba recursos y aliarse con los estados era la mejor estrategia para conseguirlos; la sotana no implica santidad así como el revólver no implica valentía, uno y otro están ahí para mantener las formas y advertir en cada caso la disposición del portador.

La sotana implica paz, y la paz conduce al diálogo; pero ¿el diálogo es una fórmula aplicable a cualquier circunstancia? ¿Al despejar la incógnita siempre va a devenir en acuerdo y consenso? En este caso el diálogo va a arrojar como resultado un gobierno que por medio de mil subterfugios logró salvarse del juicio popular y ganar tiempo para continuar con su afán de perpetuidad en el poder. Yo soy fanático de aprender de las lecciones del pasado, en lo personal y en lo político: cada vez que Hugo Chávez llamó al diálogo, avanzó sobre sus adversarios de la manera más nietzscheana posible, cada vez que pudo pasar por sobre sus adversarios lo hizo y he allí las casi dos décadas de Chavismo en Venezuela.

La iglesia, con todo el respeto que le profeso y la admiración que devoto hacia la figura del papa Francisco, no es quien para hablar de diálogo; ellos no dialogaron con los moros y de haberlo hecho en vez de catedrales tendríamos mezquitas, la iglesia confrontó cuando se vio en la necesidad de… y se hizo de la vista gorda cuando sin mediación ni diálogo vinieron en asociación con el reino de Madrid a posesionarse de medio mundo arrasando a su paso con una raza originaria y nativa, la iglesia cuando de sobrevivir se trata se ha olvidado del diálogo y a derramado sangre en nombre del santísimo.

Cuando de alcanzar el poder se trata, vale más la filosofía que la política, sobre todo si ese poder se disputa en términos fácticos y reales; en Venezuela el poder va a alcanzarlo quien pueda, y para poder alcanzar el poder debe acumularse una fuerza superior a quien lo ostenta, parece un trabalenguas pero es la simple realidad, cuando esta oposición rehusó a su oportunidad de barrer al chavismo también renunció a su posibilidad cierta de alcanzar el poder, a este punto el gobierno que venga va a fundamentarse en las ruinas de su contendor, porque los rojos han demostrado ya infinidades de veces que no están dispuestos a pactar, quizás por aquella frase que escribió Monteforte de que “Revolución que pacta, revolución que muere”.

No hay diálogo posible entre dos visiones tan diametrales de país, la doctrina zuche-tropical vs. El desarrollo de fuerzas productivas. A este punto debo advertir que no creo en la inocencia de ningún factor que se haya sentado en la “mesa de la entrega”, todos se sirvieron en platos hondos buenas porciones de ese malvado sancocho; sólo que, a la oposición le tocó puro caldo y hueso y el gobierno supo dejar para sí la carne y verduras.

El diálogo y sus personajes van a pasar a la historia, eso es indudable, y el párrafo que describirá dichos sucesos rezará “El régimen del socialismo del siglo XXI se encontró en una encrucijada, debido al modelo político y económico fracasado que trataron de imponer, los ciudadanos de la época se dispusieron a reivindicar sus derechos en la calle pero la dirigencia opositora optó por dialogar lo cual le dio ventaja al casi fenecido gobierno que supo tomar ventaja de tan esperada y soñada oportunidad”.

No es que subestime la capacidad política de Jesús “Chuo” Torrealba para vocear semejantes momentos de nuestra historia republicana, es que de verdad creo que no tiene tal capacidad; sospecho que cuando escucha Platón se figura un plato de gran tamaño y no el eminente filósofo de la Atenas clásica. Es lamentable que esta oposición haya despreciado la oportunidad tan bonita que el crédulo pueblo de Venezuela les brindó; el protocolo y el acomodo pudieron más que el arrojo y las ganas de darlo todo por el país.

No supieron administrar en este año, lo dones otorgados y en vez de multiplicarlos los malgastaron, en un artículo pasado advertí los riesgos de ese frenesí popular y de la posibilidad que había de que se desvaneciera entre la incapacidad de responder a esa gran cantidad de insumos, sucedió, la desconvocatoria a la honrosa marcha del 3 de noviembre y la silla que albergó a los colaboracionistas simplemente dio al traste con la esperanza popular.

La calle volverá a encenderse pero no prestará sus servicios a quienes la despreciaron, la calle volverá a parir nuevos liderazgos, la calle volverá de nuevo a brindar esperanzas a los que hoy se sienten traicionados, cuidado y si la calle no reacciona de nuevo en “Febrero, mes venezolano”.


Comentarios

  1. Muy clara tú posición, no andas con diplomacia , vas directo a rompeyraja.

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  2. Agradecido, creo que esta situación no deja espacio a grises ni guabinas! Un saludo, seguiremos conversando.

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